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martes, 17 de julio de 2012

batlo y el erotismo arquitectural

(foto mía, me encanta)

Hace unas semanas pasé por Barcelona, que ahora queda a tres horas de casa y a 30 euros solo en peajes. Me gusta Barcelona, la conozco, no tan bien como a Madrid que adoro excepto en verano, pero la puedo caminar sin plano. Volviendo a mi visita a la ciudad condal como se le dice, esta vez entré en algunos edificios gaudianos, entre ellos: La Sagrada familia, el Parque Guell y  la maravillosa y única   Casa Batlo.

Puedo trasmitir que, no sé si fue el efecto del audio guía con una música clásica triste o ese momento del mes o qué, pero se me resbalaron algunas lagrimas recorriendola. Gaudi, quien murió viviendo en la frugalidad mas extrema, aunque era ya un arquitecto muy reconocido, diseñó la restauración de este edificio para la familia Batlo en el Paseo de Gracia.
El entrar al vestíbulo me transporto a un plano sencillo y algo lúdico; la barandilla interna del edificio se asemeja a la espina dorsal de un gran animal que no vemos pero que está en alguna parte del edificio. Todavía no sabemos muy bien de qué animal se trata pero ahí esta, como el anticipo juguetón que involucra al visitante en su curiosidad de niño. Este tono de misterio no genera ansiedad, sino lo contrario: ganas de más, de sonreir, de retomar la inocencia. Sigo subiendo y recorriendo las estancias. Mi entrega por las sensaciones suele ser fluida, asi que esta vez la experiencia valió ampliamente  la pena. En todo el edificio no hay lineas rectas, los colores son sensibles y medios, y las dimensiones agradables, amables. recovecos pensados para uno . Dan ganas de tocar las maderas suaves, los azulejos del maravilloso patio interior en su gama de azules frescos, y hasta la intensidad de la luz esta graduada pensando en nosotros, caprichosos humanos.  La terraza nos revela algo del misterio inicial: un dragon amigable nos seguirá cuidando durante el sueño.



Pensé en la Casa Batló ayer al mediodía cuando me bajé en el metro estacion Alameda hasta la nueva Opera de Valencia de Santiago Calatrava. Después de caminar 30 minutos con 35 grados sobre mi pelo porque al arquitecto no se le ocurrió que, y a pesar de cobrar 100 millones de euros por el proyecto,  a la gente le gustaría "llegar" al edificio -el transporte publico no llega ahí-  Lo recorro totalmente y no me pasa nada!, nada bueno. Es enorme, pero mucho y despues de darle al nivel de los jardines la vuelta entera (10 minutos y eso que camino rapido)  no encuentro ninguna entrada. Fastidiada, subo, cada vez me gusta menos. Por qué?  Es un edificio  arrogante, desproporciado con la ciudad, ostentoso, carisimo, incomodo, antipatico




 Pienso, en Gaudi, en el amor, en el modo amable de pensar al otro,  reirse ustedes, pero eso pensaba yo.

Igual, no creerse ustedes que aqui en Valencia podre expresarme en modo alguno en contra de Calatrava porque a los valencianos les encanta, aunque no puedan llegar a sus edificios ...




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