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sábado, 14 de agosto de 2010

mirar el deseo

¿Por qué son tan bellas ambas figuras? No porque en si estos cuerpos sean superiores a los otros, miles y miles, que pueblan las pinturas de los tiempos pasados. Al esforzarnos, incluso logramos descubrir cierta imperfección, como es el caso de los pies demasiado pequeños, o una cabeza muy rígida. Pero es difícil ver tales “errores” en este mar de hermosura que palpita y hechiza.

Pero los ideólogos de aquella España atrasada no se irritan por el cuerpo. No es el cuerpo que causa el escándalo. No es el cuerpo lo que querían destruir, sino el deseo. Aquellos cuerpos, vestido o desnudo, son excepcionalmente bellos porque el deseo que se derrama de ellos es conmovedor y seduce a cualquier espectador. Es bella cada una de ellas porque es deseante.

El principal órgano erótico del humano es el cerebro, el cerebro que permite relatarse el deseo, a través del lenguaje verbalizar el deseo. Si recortamos de ambas caras los ojos, descubrimos que desde ellos brota más fuerza erótica que de cualquiera otra parte de su cuerpo.
Con esta operación descubrimos también que la mirada de cada maja es diferente: mientras la vestida pide ser desvestida para entregarse, para ser poseída por la mirada del Otro, la desnuda se precipita en el anonadamiento por sentirse poseída por la mirada, por ser vista en su desnudez.

Estos ojos representan el cuerpo. Estos ojos permiten y piden ser mirada en su deseo y mirar el deseo.
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