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viernes, 30 de septiembre de 2011

metrónomo


- hay gente en casa, veníte!!-
el verano se resiste, aquellas sandalias, esa remera y esta falda larga van bien. Se me hace agradable verte entre amigos despues de tanto tiempo. Como siempre elocuente, ingenioso, mentiroso, genial. Espero hablar poco pero me obligan a contar lo que últimamente quisiera no repetir ya mas: futuro, lugares, anecdotas de cuando yo también era ingeniosa y era genial ...
De fondo, Hancock.
Le amago un minúsculo gesto de irme, me mirás diciendo no. Dudo, alrededor siguen contando cosas, me miras, me repetis un gesto aniniado de "quedate" entre el resto.
Se van los demás. El verano deja pesado todo de quietud. Se escucha afuera el taconeo de algún gato vago mientras que sigue sonando jazz, adentro.
Sobre ese banco destartalado de afuera me contás cosas, me masajeas los pies, me haces reir, mas.
- mejor me voy -
- no, primero un abrazo -
Me acerco, me sienta graciosamente sobre él, nos abrazamos para un lado, nos abrazamos para el otro lado, somos un péndulo. Es bueno descansar un rato así en su cuello. Suspiramos. Me respira, lo empiezo a sentir, me escondo en su rincon ahí entre su cuello y su sal, lo respiro, me estruja la espalda, me aparta los pelos de la cara y nos besamos como en un nido tibio y perezozo.
Para acá, para allá.
Para acá, para allá.
Como un metrónomo.

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