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lunes, 27 de diciembre de 2010

Rivarola St.



-taxi!-
el recorrido desde la escribanía la metió de un golpe en la ciudad. En la radio Dolina avisaba la temperatura y un comediante contaba bromas sobre un boliviano recién llegado al Río de la Plata.
Miraba por la ventana del taxi aquella ciudad apurada. Mujeres con bolsas, chicos cansados del cole, algun cartonero, los negocios abiertos, las casa de venta de celulares, una imprenta, los cafes, aquella pareja, y tantas palomas.
Sus manos aun temblaban por la firma de tantos documentos y de tanto dinero recibido y nuevamente entregado. Apreton de manos para dar comienzo a una nueva vida. Los semaforos y el anuncio de la lluvia se sumaron a su inquietud. El taxista intentó un -qué frio hoy!- Desde atrás, nada. Pasó por la esquina en donde estudio por muchos anos. El cafe y Marta ya habían desaparecido.
Pensó en la mudanza y en cuantas cosas le esperaban en la manana, se subió el cuello del tapado por el frio que subía desde alguna hendija que colaba.
-déjeme ahí en la esquina- impaciente adelantó unos pesos de mas.
Llego a su propiedad. Abrió temerosa la pesada puerta de hierro, y se metió en el ascensor jaula. La puerta en el tercero tenia cierta dificultad pero pudo. Entró
Dejo el llavero en la mesa de la cocina , el bolso en el suelo y se quito los zapatos. El piso de madera parecia recien lustrado, se acercó a la ventana urbana y miró. De ahora en mas seria este su primera mirada al dia , al mundo. El pasaje parecia tranquilo, un bálsamo detenido.
Se desabotonó la gabardina y se miró en el espejo del botiquín.

tres ambientes depto estilo frances zona Congreso.

Volvió a la ventana. La calle era la que mas le gustaba de la ciudad, era la suma de muchos lugares que habia amado.
Volvió a asomarse al frio. La tienda de los relojes estaba allí contándole su nuevo tiempo a partir de ahora.
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