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jueves, 26 de febrero de 2009

Pelo negro y duro, pelo indio, pelo de pobre, pelo digno, pelo del norte.
El pantalón que lo soporta va manchado y el bolso de trabajo también. Se abraza al bolso como se abraza al amor, y lo acuna con enormes brazos para que no se le resbalen los restos del jornal, mientras duerme su trabajo obrero.

Parte de su cansancio se desliza sobre mí siguiendo el movimiento de un arrorró provocado por los motores de un colectivo urbano con dirección al Oeste.
Casi profundamente dormido se cae sobre mi hombro. Yo no me muevo, le pongo hombro. Darle ahora lo que necesita.

Yo bajo en Flores y estoy por Acoyte en Caballito. Sé por los pelos y por la ropa que a él le queda mucho más que a mí para llegar. Es el rojo "55" destino final: San Justo. Intuyo que hasta ahí seguro y tal vez más, y más.

Sigue el arrorró que le provoca el motor del "55" y el mismo arrorró cunero con el que abraza su bolso. Al tercer chocón con mi hombro recupera un poco la dignidad y se incorpora apenas para volver a caer al otro segundo cabeceando nuevamente sobre mí.

Me da muchas ganas de decirle: “Recuéstese señor, recuéstese tranquilo y descanse que nos falta mucho todavía.

Pero tengo la impresión que ahora y aún en Flores, para llegar, más me falta a mí...
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